lunes, 26 de enero de 2009

Nazis y vinateros franceses: relación de amor y odio

Fue emocionante enterarse de que alguien había escrito por fin un libro titulado 'Wine and War', 'Vino y Guerra'. Había llegado el momento en que iban a quedar despejados toda una serie de grandes misterios como, por ejemplo, el enigma de la Ilíada: ¿cómo era posible que Tracia proporcionara mercenarios a los troyanos de Príamo al mismo tiempo que vendía vino de Tracia a los espartanos de Menelao? Sin embargo, no es ésa la intención de 'Wine and War'. Consiste más bien en un relato sobre la forma en que cinco destacadas familias vitivinícolas de Francia se las ingeniaron durante la ocupación nazi para mantener su dignidad, sus medios de subsistencia y sus existencias de vino.

Se trata de una historia más que conocida en toda Europa: eso de la doble pared en la bodega, detrás de la cual reposan las cosechas más exquisitamente apetecibles, me lo han contado ya en Guernesey y Jersey, en Moravia, en Budapest, en Sofía, en Bucarest. Sean alemanes, rusos o norteamericanos los invasores, no varía nunca el punto culminante del relato: una vez que el conflicto o la ocupación han terminado, se procede al derribo de la pared y, ¡oh maravilla!, allí continúan todas aquellas botellas de vino que se han librado del saqueo y los pillajes y que, como es de esperar, han ganado muchísimo en sabor gracias a su larga temporada a la sombra...

'Wine and War' no carece tampoco de irritaciones estilísticas, que ya asoman desde la primera frase: "La puerta de acero no quería moverse". Expresiones como "un sol brillante se reflejaba en las recién nacidas hojas de los árboles" o "los pueblecitos de Alsacia, que parecían como salidos de un cuento de Hansel y Gretel" salpican el texto; lo que es más, cualquier relato documental que constantemente se meta en las mentes soñadoras de sus protagonistas ¡hace 60 años! acaba cargado de adornos dudosos.

La mayor parte de la narración general en torno a la invasión de Francia y a los acontecimientos que culminaron en ella no pasa de la categoría de plúmbeo manual escolar y no aporta ningún punto de vista original salvo aquellos que ofrecen los viticultores que vivieron los hechos de primera mano. El dato de que Gaston Huet -cuyo vouvray está de muerte- encabezase una compañía del Ejército en 1940 hasta el callejón sin salida de Calais, donde finalmente tuvo que rendirse a los alemanes, es una revelación absolutamente intrascendente; el hecho de que fuera uno de los más eminentes y valerosos viticultores biodinámicos de Francia quien corriera esa aventura no la convierte en más emocionante que si Huet hubiera sido un carbonero.


Se nos vuelve a contar la bien conocida historia de los esfuerzos de Goering por descubrir las botellas de la cosecha de 1867 que tenían en La Tour d'Argent, el famoso restaurante de París, ocultos detrás una pared de ladrillos. Para los buenos catadores, que quizá aprecien poco este aspecto de la doble faz de los alsacianos, más reveladora es la respuesta de la señora Hugel al oficial de la Wehrmacht que la llevaba detenida: "¿Cómo puede decir usted que odio a los alemanes?", clamó ella. "¡Mi hermano es alemán y tengo además dos hijos que están a punto de combatir en las filas de su Führer!".

La mejor y más apasionante parte del libro versa sobre los "Weinführers", que fue el apodo con que los conocían los franceses. Eran los funcionarios que se encargaban de supervisar los esfuerzos de Hitler por saquear las zonas vitivinícolas franceses y así contribuir a financiar la maquinaria bélica nazi: el vino era un producto de consumo como cualquier otro y de eso Francia tenía más que cualquier otro país. Se cuenta aquí con precisión el reinado de Heinz Bomers en Burdeos, al igual que el enseñoreamiento de Adolphe Segnitz sobre Borgoña y el dominio de Otto Klaebisch sobre la Champaña.

En estos lugares la connivencia entre vinateros franceses y oficiales alemanes fue con frecuencia más amable que hostil, pues no en balde existían entre ambas partes un considerable respeto mutuo y una dualidad lingüística, además de un auténtico amor al vino. Una vez terminada la guerra, Bomers escribió al barón Philippe de Rothschild para solicitarle que le concediera la representación del Château Mouton-Rothschild en Alemania. Al parecer, el barón respondió: "Sí, por qué no. A fin de cuentas estamos construyendo una nueva Europa".


A Louis Eschenauer, afamado vinatero y mesonero de Burdeos, que tuvo gran amistad con Ribbentrop, se le declaró tras la guerra culpable de colaboracionismo, con lo que perdió todos sus derechos como ciudadano francés. Sin embargo, es probable que, de no mediar la amistad gastronómica de Eschenauer con el primo de Ribbentrop, Ernst Kühnemann, comandante alemán al frente del puerto de la ciudad, éste habría sido destruido cuando los alemanes se retiraron. Abundan en este libro muestras semejantes de sentimentalismo. Franceses y alemanes siempre han sido viejos amiguetes, y siguen siéndolo.

lunes, 19 de enero de 2009

Los Clasicos y El Vino

Algunas de las frases que los autores de la antigüedad nos han dejado: - In vino veritas (Plinio El Viejo)

- Las gentes del Mediterráneo empezaron a emerger del barbarismo cuando aprendieron a cultivar el olivo y la vid (Tucídides, siglo V a.C.)

- Si quieres vivir mucho, guarda un poco de vino rancio y un amigo viejo (Pitágoras)


- Donde no hay vino no hay amor (Eurípides)


- Los hombres son como los vinos: la edad agria los malos y mejora los buenos (Cicerón)


- El calor del vino ejerce sobre el alma igual efecto que el fuego sobre el incienso (Plutarco)


- El vino ahoga todas las penas (Hipócrates)


- El vino es una cosa maravillosamente apropiada para el hombre si, en tanto en la salud como en la enfermedad, se administra con tino y justa medida (Hipócrates)


- Gracias al vino, el hombre es el único animal que bebe sin tener sed (Plinio el Viejo)


- Los malos hombres viven para comer y beber, pero los buenos comen y beben para vivir (Sócrates)


- ¿A qué mal no conduce la embriaguez? Revela los secretos, exagera nuestras esperanzas y nos arroja a la pelea (Horacio)


- El mayor mal del vino es que empieza por agarrarse a los pies: es un luchador habilidoso (Tito Macio Plauto)

lunes, 12 de enero de 2009

México: Oro, iglesia y vino

La primera cuenta que en el año 1574, pobladores de la entonces Nueva España, salieron de Zacatecas en busca de oro hacia un territorio que hoy lleva el nombre de Coahuila (en la región ubicada en el noreste del actual México, cerca de la ciudad de Monterrey). Los conquistadores no dieron con el metal soñado. Sin embargo descubrieron un valle paradisíaco, con agua y exhuberante vegetación en las que crecían gran cantidad de vides silvestres, el que inmediatamente reconocieron y fundaron la misión de Santa María de las Parras donde se elaboró el primer vino de América.

Posteriormente el valle tomo el nombre de Las Parras pero ante la agresividad de los naturales fue abandonado. Un tal Lorenzo García vuelve a los pocos años, arregla sus cosas con los indios y se instala en un lugar próximo.Pide una merced al Rey Felipe II y recibe de la corona la dispensa solicitada el 18 de Agosto de 1597. Esto le autoriza a plantar vides para la elaboración de vinos y brandys, dando origen de esta forma a la Hacienda de San Lorenzo, origen de Casa Madero actual que continuó ininterrumpidamente con la producción vitivinícola, habiéndose vendido y comprado en diferentes oportunidades. Finalmente Evaristo Madero, fundador de la familia a la que perteneció el ex presidente de México Francisco Madero retuvo el establecimiento que continúa produciendo hoy.


De esta manera, oficialmente, el vino Mexicano suma 412 años de historia y puede considerarse el mas antiguo del Nuevo Mundo. Sin embargo, Hernán Cortés mismo autorizó mucho antes la plantación de vides para uso de la iglesia en la preparación de vinos. Así, los alrededores de la ciudad de México (Tenochtitlan) - y éstos sí se constituyeron en los primeros vinos del Nuevo Mundo - fueron escenario de los primeros cultivos de vid. Hoy en Querétaro, a no mas de 200 km del Distrito Federal, se encuentra la Ruta del Vino más próxima a una gran urbe (25 millones de habitantes), donde unos pocos establecimientos producen vinos de alta gama. También en la península de Baja California - mítico lugar que los descubridores españoles catalogaron de isla habitada por amazonas - hay un centro productor de importancia.

Pero la historia del vino mexicano sufre un quiebre que dura desde 1699 hasta 1810: En el primer año la corona española prohibe la elaboración de vino - excepto para misa - influenciado por los exportadores de la bebida española de Cádiz. Este período llega hasta 1810, año de la independencia mexicana de España. En el interin, las limitaciones acotaron profundamente la explotación mexicana.

lunes, 5 de enero de 2009

El mundo del vino, con Obama

El mundo del vino está brindando por el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, mientras se muda a la Casa Blanca, con la esperanza de que su disfrute del vino local impacte en los hábitos de los estadounidenses. Los productores de vino estadounidenses apenas podían contener su regocijo ante las noticias de que los Obama habían comprado una mansión de 1,65 millones de dólares en Chicago equipada con cuatro chimeneas y una bodega de vinos que, según diferentes informaciones, puede contener hasta 1.000 botellas. "No me queda más que pensar que tras ocho años sin bebedores de vino en la Casa Blanca, Barack [Obama] tendrá un efecto positivo sobre los hábitos de bebida de los estadounidenses", diceJohn Gillespie, titular del Consejo de Mercados del Vino durante la conferencia 2009 de este organismo celebrada en Nueva York. El presidente saliente George W. Bush es un abstemio que dejó el alcohol hace más de 20 años. La Casa Blanca no tiene una bodega oficial, pero sus vinos son escogidas por un pequeño equipo para eventos específicos, basados en su afinidad con los menús así como en los gustos de sus invitados. Pero todos los vinos que se sirven en las cenas de Estado son estadounidenses. El presidente Lyndon Johnson decretó que únicamente vinos estadounidense debían ser servidos en las cenas de Estado en la Casa Blanca y se ha mantenido así desde entonces, pese a que se ha dicho que el presidente Richard Nixon se servía en secreto su amado Château Margaux. El contenido de la bodega personal de Obama es desconocido, pero los comerciantes del área de Chicago han notado que tiene un gusto ecléctico.